Javier Arce. "FROTAR MARINO"
O el deseo de activar una mirada sensible hacia la presencia del tiempo geológico en la arquitectura histórica.
Los fósiles marinos incrustados en los muros y pavimentos de la Mezquita de Córdoba son testigos silenciosos de un pasado remoto: fragmentos de vida que, transformados en piedra, han atravesado eras, culturas y usos del espacio. Suelen pasar desapercibidos, ocultos bajo la monumentalidad del edificio, pero contienen relatos que amplían nuestra comprensión del lugar más allá de lo exclusivamente histórico o artístico.
El taller propone recuperar esa memoria fósil mediante dos gestos complementarios: el frottage y el Gyotaku. El frottage, al reproducir texturas por contacto directo, funciona como una forma de lectura táctil que convierte la superficie pétrea en un archivo sensible. El Gyotaku, por su parte, aporta la presencia contemporánea de organismos marinos análogos a aquellos que quedaron fijados en la roca, estableciendo un puente entre la vida que fue y la vida que es.
La combinación de ambas técnicas permite generar una obra que no solo registra, sino que reactiva el vínculo entre territorio, naturaleza y cultura, integrando en un mismo proceso lo geológico, lo biológico y lo humano. El carácter colaborativo del taller refuerza además la idea de conocimiento compartido: un acercamiento comunitario a la huella del tiempo que transforma la observación en experiencia.
"Frotar marino" se fundamenta así en la convicción de que el arte puede revelar capas de significado ocultas en el paisaje cotidiano y ofrecer nuevas formas de relacionarnos con nuestro entorno, entendiendo el patrimonio como un espacio vivo donde convergen memorias profundas y presentes creativos.